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martes, 26 de mayo de 2009

“Si la Singularidad nos lo permite”

En la última entrada de este blog mencioné el relato “La última pregunta”, 1956, donde Isaac Asimov describe la evolución de la humanidad, por una parte, y de la inteligencia artificial, por otra, para al final de los tiempos unirse en una entidad única que llega a ser todopoderosa.

Este concepto, ideado hace más de medio siglo, ha sido planteado nuevamente en la década de los 80s por los escritores cyberpunk. Pero con una importante diferencia: lo que Asimov imaginaba sucedería dentro de millones de años, estos nuevos escritores lo estaban imaginando para un futuro mucho más inmediato.

Habiendo presenciado cómo los ubicuos computadores personales comenzaban a desplazar a esos enormes aparatos que ocupaban edificios enteros (que Asimov todavía consideraba vigentes para el 2061), no era de extrañar que la escala temporal estuviese siendo drásticamente revisada.

Vernor Vinge, pionero en el género cyberpunk nos presenta un salto evolutivo de la misma trascendencia en su novela corta “True Names” de 1981. Mr. Slippery y Erythrina son los alter egos de los protagonistas en ese mundo virtual que llaman “El Otro Plano”. Ellos deben luchar juntos contra una misteriosa amenaza y al hacerlo se ven investidos de inimaginables poderes al multiplicar sus sentidos mediante todos los recursos de la red, su memoria es amplificada por la conexión directa a todas las bases de datos del planeta, su raciocinio por la capacidad de cómputo de todos los servidores. Es una batalla entre dioses y titanes, como una epopeya de la mitología griega.
Mr. Slippery miró a su alrededor, usando cada uno de sus millones de perceptores. La Tierra flotaba serena. Vista en lo invisible, lucía como miles de las imágenes que él había visto como humano. Pero en el ultravioleta, él podía percibir su aura de hidrógeno que se extendía por miles de kilómetros. Y los detectores de alta energía de los satélites en todos los niveles percibían os cinturones de radiación en miles de niveles de energía, oscilando con el viento solar. A través de los océanos del mundo, él podía sentir la tibieza de las corrientes, ver cuán rápido fluían. Y mientras tanto, vigilaba los millones de voces diminutas que comenzaban a regresar a la vida ahora que Erythrina y él recuperaban cuidadosamente el sistema de comunicaciones de la raza humana y lo ponían en funcionamiento. Cada nave en el mar, cada avión ahora aterrizando con seguridad, cada uno de los préstamos, los pagos, las comidas de una raza entera registradas claramente en algún lugar de su conciencia. Con la percepción venía el poder; casi todo lo que él veía , lo podía alterar, destruir o mejorar. Según las reglas analógicas del aquelarre, había sólo una palabra válida para ellos nombrarse en su estado actual: eran dioses.Vernor Vinge, "True Names", 1981
Después de salvar el mundo, él se desconecta y regresa a su existencia cotidiana, pero Erythrina logra permanecer en ese estado de conciencia expandida y ahora su poder no tiene límites.

En 1993 Vernor Vinge escribió un ensayo titulado “The Coming Technological Singularity” en el que bautizó al concepto con el nombre con que hoy se ha popularizado (“la singularidad tecnológica”) además de definirlo de una manera bastante dramática: “dentro de 30 años, tendremos los medios tecnológicos para crear una inteligencia suprahumana. Poco tiempo después, la era humana habrá terminado”.

Cabe anotar que ya ha transcurrido más de la mitad del plazo estipulado.

La palabra “Singularidad” tiene su origen en las matemáticas, en las que, en sentido general, se refiere a un punto en el cual un objeto matemático dado no está definido.

El ejemplo más sencillo de esto es la división por cero.

Dividir un número por cero no produce un número infinitamente grande como respuesta. La razón es que la división está definida como la operación inversa de la multiplicación; si un número se divide por cero y luego se multiplica por cero, se debería obtener el número original como respuesta. Sin embargo, multiplicar cualquier número infinitamente grande por cero sólo da como resultado cero, nunca otro número diferente. No hay nada que pueda multiplicarse por cero y producir un resultado distinto de cero; por lo tanto, el resultado de una división por cero está literalmente “indefinido”.

(...)

Hay una bien conocida “prueba” que demuestra que uno es igual a dos. Comienza con algunas definiciones: “Sea a = b” y termina con la conclusión de que “2b = b,” esto es, uno es igual a dos. Escondida subrepticiamente en la mitad se encuentra una división por cero, y en ese momento la prueba se ha pasado de la raya, haciendo caso omiso de todas las reglas. Permitir una división por cero hace posible probar no sólo que uno y dos son iguales, sino que cualquier par de números –reales o imaginarios, racionales o irracionales – son iguales.

Ted Chiang, “Division by Zero”, 2003

Me valgo acá de las palabras de Ted Chiang porque yo jamás podría explicar el concepto de indefinición matemática como él lo hace en esta introducción; además, porque no puedo dejar de recomendar la lectura de este cuento, “Division by Zero”, uno de los pocos que he encontrado en los que la ciencia ficción se aventura en los dominios de la matemática pura: Renee Norwood es una Doctora en Matemáticas cuya investigación la lleva a encontrar una contradicción fundamental en el núcleo mismo de su disciplina.
“Pero lo que ha sucedido, es casi como si yo fuese un teólogo probando que no existe Dios. No sólo temiéndolo, sino sabiendo que es un hecho, más allá de toda duda. ¿Eso suena absurdo?”

“No.”

Es una sensación que no te puedo transmitir. Era algo en lo que yo creía profundamente, implícitamente, y no es verdad, y soy yo quien lo ha demostrado.”

Ted Chiang, “Division by Zero”, 2003

A diferencia de la Singularidad Matemática, en la que algo es imposible de definir, por principio, la Singularidad Tecnológica se refiere a una situación futura que nosotros, los seres humanos, no estamos en capacidad de entender y tal vez ni siquiera de imaginar, pues se encuentra en el dominio de inteligencias inconmensurablemente superiores a la nuestra.

Si el ser humano está en capacidad de construir, a través de la cibernética o la bioingeniería, o una combinación de ambas, una inteligencia superior a la suya propia, esta recién concebida creación, al ser más inteligente, estaría también en capacidad de crear a otra aún más inteligente que ella. Esta última, a su vez, podría crear otra más inteligente, y otra, y otra, y así, hasta el infinito.

A eso se refiere Vernor Vinge cuando habla de la Singularidad Tecnológica.

En la era posthumana, si queda algún humano como los de la actualidad, ya no tendrá el control sobre su propio mundo, estará imposibilitado para comprender lo que está sucediendo a su alrededor. A diferencia de otros cambios tecnológicos de la historia, para él resulta evidente que éste sería ininteligible para nosotros, así como nuestra civilización es hoy ininteligible para un renacuajo.

La noticia de la Singularidad Tecnológica fue traída a Medellín por el Doctor en Biología y escritor español Federico Witt, quien nos visitó en marzo de este año invitado por el Encuentro Fractal´09 de ciencia ficción, literatura fantástica, música, arte, ciencia y tecnología.Para Federico Witt el término Singularidad Tecnológica es una metáfora que tiene su origen, más que en el concepto de Singularidad Matemática, en una analogía con la más conocida singularidad de la física teórica: ese extraño fenómeno que tuvo lugar en el principio del Big Bang o que ocurre hoy en el interior de los agujeros negros, más allá de cierta frontera donde no puede escapar ni la luz y en el que las reglas universales conocidas dejan de ser válidas, no existen el tiempo ni el espacio y la convergencia hacia valores infinitos hace imposible definir una función.

Federico Witt se remontó a los años 50s para anotar que el matemático John Von Neumann, conocido por sus aportes a la ciencia de la computación y por su participación en el proyecto Manhattan, fue el primero en referirse a la Singularidad Tecnológica en una conversación con el también matemático Stanislaw Ulam acerca del cada vez más acelerado progreso de la tecnología y sus efectos en el modo de vida de los seres humanos, que daba la apariencia de que nos estuviéramos aproximando a una “singularidad esencial” en la historia de la especie más allá de la cual los asuntos humanos, tal como los conocemos, no podrían continuar.

En los 60s, el estadístico I. J. Good, discípulo de Alan Turing, fue el primero en describir el proceso recursivo de creación de máquinas cada vez más inteligentes a partir de una primera máquina de inteligencia superior a la humana, lo que él denominó “explosión de la inteligencia”.

Vernor Vinge, nos comentó Federico Witt, ha planteado cuatro posibles escenarios futuros en los que podría ocurrir la Singularidad Tecnológica: La inteligencia artificial, una máquina como la que imagina Good, de inteligencia superior a la humana (ejemplos de este escenario hay muchos en la literatura, incluido el “Neuromante”, 1984, de William Gibson); la Internet o Gaia Digital, la actual red global o una más sutil tejida entre los miles de millones de aparatos de nuestra vida moderna, alcanza un tamaño o complejidad críticos y despierta a la conciencia (Arthur C. Clarke reflexionó sobre esta posibilidad en 1964 en “Dial F for Frankenstein”, cuando sólo existía la red de telefonía); Amplificación de la inteligencia, a través de mejoras biónicas e implantes electrónicos; y desarrollo biomédico, a través de la ingeniería genética u otro tipo de procedimientos médicos.

Federico Witt considera estos dos últimos escenarios como los que más probablemente nos llevarán en el futuro cercano a la Singularidad Tecnológica.

El escenario de la amplificación de la inteligencia por medios cibernéticos es precisamente el que eligió Vernor Vinge para su novela “True Names”, 1981. Hoy en día es posible afirmar que los computadores personales, los teléfonos celulares y otros aparatos electrónicos se han convertido en una extensión de nosotros mismos y están cambiando nuestra percepción de la realidad.

En “Understand”, 1991, Ted Chiang ha elegido el escenario del desarrollo biomédico. Chiang nos recuerda el clásico de Daniel Keyes, “Flores para Algernon”, 1959, cuando nos describe el creciente desarrollo intelectual de Leon Greco, un paciente que es tratado con una nueva droga, la hormona K, luego de un severo trauma que ha destruido una buena parte de su cerebro. Este personaje experimenta paulatinamente mejoras cuantitativas en su inteligencia (memoria fotográfica, veloz reconocimiento de patrones), hasta el punto en que logra una diferencia cualitativa, un estado de conciencia fundamentalmente diferente.

Para lograr progresos adicionales en mi mente, las mejoras artificiales son la única posibilidad. Una conexión directa entre el computador y la mente, que permita vaciar la estructura e información de mi mente en la máquina, eso es lo que necesito, pero debo crear una nueva tecnología para realizarlo. Cualquier cosa basada en computación digital será inadecuada, lo que tengo en mente requiere estructuras a escala nanométrica basadas en redes neurales.

Una vez tengo las ideas básicas planteadas, ajusto mi mente en multipocesamiento: una sección de mi mente está derivando una nueva rama de las matemáticas para poder modelar el comportamiento de las redes; otra está desarrollando un proceso para la formación de caminos neuronales escala molecular en un medio auto-regenerador de biocerámica; una tercera está diseñando tácticas para orientar la industria privada de investigación y desarrollo para producir lo que necesitaré. No puedo perder tiempo: Introduciré cambios de paradigma teóricos y técnicos para que mis nuevas industrias aterricen en funcionamiento.

Ted Chiang, “Understand”, 1991

Lograr el máximo desarrollo de su inteligencia se convierte en su meta y obsesión, así tenga que pasar por encima de la raza humana para lograrlo. En ello concentra todos sus esfuerzos hasta que encuentra su némesis en Reynolds, otro hombre de inteligencia aumentada que considera prioritario ayudar a la humanidad. Así comienza una batalla de proporciones épicas como la descrita en “True Names”.

¿Cuál será el impacto de estos acontecimientos futuros en nuestro contexto social?

Hemos tenido discriminación a lo largo de toda la historia, las mujeres han sido consideradas inferiores, la discriminación racial, la discriminación por capacidad económica, comentó Federico Witt, y hay cientos de ejemplos adicionales.

Las mejoras biomédicas o cibernéticas no estarán a disposición de todos, van a costar dinero (probablemente mucho dinero), así que sólo podrán costeárselas unos pocos. Hoy sucede lo mismo con la belleza y las cirugías plásticas. Quien pueda pagar por estas mejoras lo hará y estará contento de ser él y no algún otro quien pueda hacerlo.

¿habrá discriminación social? Hace cien años quien no podía leer y escribir era un analfabeta, al margen de privilegios tan básicos como decidir acerca de su propio destino, hoy es analfabeta quien no tiene acceso a la Internet y sus motores de búsqueda. En el futuro quienes no puedan acceder a la Singularidad probablemente tendrán una condición social inferior a la de los superhumanos, algunos no ven hoy más escenarios que la esclavitud o la extinción.

¿Es ese el destino de la humanidad cuando llegue la Singularidad Tecnológica?

Federico Witt nos contó de un visionario que es bastante optimista al respecto. Se trata de Ray Kurzweil, inventor y futurólogo norteamericano, autor de “The Singularity is Near”, 2005. Para él la inteligencia suprahumana no será una amenaza, ésta será tan inteligente que le será evidente la improcedencia de hacer el mal y alcanzará una moralidad perfecta.

¿Está la inteligencia necesariamente asociada a la bondad?

Yo tengo mis reservas. No debemos olvidar que desde un punto de vista evolucionista la inteligencia es la herramienta desarrollada por el principal depredador en el ecosistema terrestre. Por otro lado, cuando el destino esté en manos de una inteligencia infinitamente superior, ¿cómo valorará en sus decisiones a una especie que ha dilapidado los recursos naturales y ha llevado al mundo al borde de una catástrofe ambiental? “El Día que la Tierra se Detuvo”, 2008, es un escenario que no podemos descartar.

Según Kurzweil seremos una raza posthumana, gracias a los avances combinados de la genética, la nanotecnología y la robótica. Ha predicho que en un cuarto de siglo las máquinas alcanzarán el rango completo de intelecto, emociones y habilidades humanas, para el año 2045 existirá una inteligencia no biológica mil millones de veces más poderosa que la suma actual de todos los cerebros humanos y para finales del siglo XXI las distinciones entre máquinas y humanos se habrán borrado definitivamente.

Esto será posible no sólo por el crecimiento exponencial de la capacidad de cómputo de las máquinas, sino también por los desarrollos en el entendimiento del funcionamiento del cerebro humano. Para la tercera década de este siglo seremos capaces de crear máquinas pensantes que utilicen el mismo diseño y los mismos procesos mentales que usamos nosotros.

Ray Kurzweil parece ser una persona que sabe de lo que está hablando. Tiene a su haber más de 15 doctorados honoríficos en áreas tan diversas como la ciencia, la ingeniería y la música. Como inventor, le debemos el sistema de reconocimiento óptico de caracteres (OCR) multifuente, las máquinas de lectura para ciegos, el sintetizador de voz y el primer sistema comercial de reconocimiento de voz. En 1965, a sus diecisiente años, había programado una computadora capaz de crear composiciones musicales.

Es también famoso por sus acertadas predicciones (algunos lo llaman el cyber-Nostradamus). Predijo años atrás el impacto que tendría el intercambio de archivos de música y video sobre la cultura actual, la piratería y la economía de las empresas productoras. También anticipó la caída de la Unión Soviética y la derrota de Garry Kasparov por una computadora.

Kurzweil es un transhumanista convencido de que la Singularidad realmente sucederá y ha dedicado su vida a prepararse para ese momento.

A los 35 años de edad le fue diagnosticada una diabetes tipo 2, que lo habría matado en pocos años, pero decidió modificar radicalmente su estilo de vida: lleva una estricta dieta diseñada por él mismo y toma diariamente 200 pastillas de los más diversos complementos para reprogramar la bioquímica de su organismo. Asegura que lo análisis que se realiza semanalmente indican que ha logrado retrasar su envejecimiento en por lo menos 10 años.

Su objetivo es mantenerse con vida hasta que la ingeniería genética pueda curarlo y así poder llegar al momento de la Singularidad y, entonces, alcanzar la inmortalidad, cuando sea posible la simbiosis definitiva entre el hombre y la máquina.

Una pausa para reflexionar: Releo estas líneas y encuentro que estamos hablando de profetas que anuncian la promesa de la inmortalidad y la llegada de un ser todopoderoso cuyos designios serán para nosotros insondables.

¿Por qué me suena tan parecido a las clases de religión que tuve que atender en la primaria y el bachillerato?

No es gratuito que Federico haya abierto su presentación sobre la Singularidad con un comentario algo inquietante sobre el slogan del Encuentro Fractal “podemos construir el futuro que queremos”. A estas palabras simplemente agregó: “si la Singularidad nos lo Permite”.

Me parece estar escuchando a las abuelas cerrar una despedida con el recurrido “Dios mediante”.

martes, 10 de marzo de 2009

De Cyberpunk a Post-cyberpunk


“De homosapiens a homocyborg”, así titularon su charla en el Encuentro Fractal 09 los muchachos del Colectivo Elniuton, su aporte a este evento fue recordarnos que existen espacios en Colombia dedicados a acercar el arte y el diseño con la ciencia y la tecnología.

Nos mostraron cómo para lograr lo que uno se propone sólo se necesitan ganas. De su cuarta entrega, construida alrededor del tema del erotismo, nos compartieron la intimidad del estudio de H. R. Giger, el artista suizo que nos deleitó con los aterradores pero elegantes diseños que dieron vida cinematográfica a la criatura de Alien . A propósito, si alguien anda por Valencia, España, en estos días le conviene ver la exposición itinerante que está en la Universidad Politécnica de esa ciudad.

¿Itinerante?

¿No será que alguno de nuestros museos se antoja a traerla?

Nos contaron también que hay un artista en Colombia llamado Fernando Ortiz, que combina sus conocimientos de matemáticas, programación y diseño en Flash para crear hermosas criaturas cibernéticas que me recordaron una página Web con la misma filosofía de código abierto que él maneja. ¿No es una interesante coincidencia a tres bandas que precisamente el ejemplo de levitated.net llamado Invader.Fractal nos recuerde el logo pixelado de Elnituon.com?

Finalmente nos aterrizaron sin previo aviso en pleno corazón del cyberpunk, con la obra del artista Stelarc, un verdadero “homocyborg” cuyo arte es modificar su propio cuerpo a través de la implantación invasiva de tecnología cibernética o biológica, como una tercera mano robótica o una copia de la oreja ubicada en su antebrazo. Por algo tuvieron a su cargo la antesala de la conferencia central del encuentro: un mano a mano entre James Patrick Kelly y John Kessel hablando sobre el cyberpunk y el postcyberpunk.

Desde la época de manzanazeta no encontraba yo en Colombia un trabajo tan disciplinado en la publicación periódica de un ejemplar electrónico con una temática determinada. Elniuton también elabora propuestas de intervención análogo/digital como el graffiti electrónico que construyeron para el encuentro (mezcla de stencil, leds y sensores de movimiento).

Buscando relación entre el nombre de Elniuton, el cyberpunk y el postcyberpunk, me acordé que fue precisamente Neal Stephenson, un escritor que se ha movido entre estos subgéneros, quien dibujó dentro de su serie de ficción histórica, “el Ciclo Barroco”, el retrato de un Isaac Newton tan tremendamente humano que se nos hace insoportable por su pedantería y suficiencia.

Neal Stephenson no escribe textos cortos (no aparece en ninguna antología, simplemente porque no escribe cuentos) ni es fácil de leer: cada una de sus obras es una maratón de cientos y cientos de páginas llenas de referencias de historia, lingüística, antropología, arqueología, religión, informática, política, criptografía y filosofía. En sus páginas se codean personas reales como Alan Turing, el padre de la computación moderna, con misteriosos personajes ficticios como el longevo Enoch Root, los antiguos sumerios con la criptografía digital y tribus post estadounidenses repartiéndose el continente a través franquicias comerciales.

Su tercera novela, “Snowcrash” (1992), es un buen ejemplo para ilustrar la relación entre el cyberpunk y el postcyberpunk. El nombre de “Snowcrash” viene de un error que a veces causaba en los antiguos Apple Macintosh que la pantalla quedara como “un televisor sintonizado en un canal muerto” (no pude abstenerme de citar el Neuromante).

El Héroe protagonista de “Snowcrash” se llama “Hiro Protagonist” y pierde su empleo de “Deliverator” (repartidor de pizza para la Mafia Italiana) en un aparatoso accidente en el que conoce a Y.T., una skater adolescente que surfea a 100 kilómetros por hora las autopistas de lo que antes fue el estado de California, llevando y trayendo correos. Hiro alterna su existencia entre el mundo real y el “Metaverso”, versión esférica de Stephenson de la alucinación consensual que habían descrito William Gibson y Vernor Vinge una década atrás.

La guía de Joe Scalzi sobre el cine de ciencia ficción (2005) considera esta novela como la obra que cerró la primera ola del cyberpunk en 1992. Tiene todos los elementos del subgénero: un protagonista marginal, desempleado y sin dinero, debe enfrentarse en el Metaverso y en el mundo real a la conspiración tramada por un multimillonario monopolista de la fibra óptica para diseminar un virus informático que es capaz de infectar el cerebro humano. ¿O se trata de postcyberpunk?

John Kessel intentó aclararnos el significado del término postcyberpunk en la conferencia que dictó con James Kelly el pasado 6 de marzo.

A los personajes del cyberpunk no les pasa por la cabeza la idea de cambiar el mundo. Sólo quieren ganarse en un cruce lo suficiente para poder salir de la calle. ¡Qué me importa que el mundo se vaya a la mierda si voy a poder pagar para que no me pase a mí!

Pero en el cyberpunk quedaba faltando algo. Mientras estos hackers estaban robando los secretos del gobierno y drogándose en callejones oscuros, ¿quién hacía el pan? ¿Dónde están los personajes que hacen que el mundo siga funcionando? ¿Dónde están las familias? ¿No hay papás ni mamás?

En los 90s los autores que fueron del cyberpunk empezaron a contestar estas preguntas. Bruce Sterling publicó “Bicycle Repairman” en 1996. En este cuento, el afán del antihéroe se ve interrumpido en mitad de la trama por la llamada de su madre.

“¿Estás comiendo bien, Lyle? Te ves flaco.”
Lyle levantó su pantorrilla ante la cámara. “¡Mira esta pierna! ¿Acaso se ven como lo gemelos de una persona débil y enfermiza?”
“¿Podrías venir al apartamento a comer algo decente conmigo algún día?”
Lyle parpadeó. “¿Cuándo?”
“¿Puede ser el miércoles? Podemos comer costilla.”
“Tal vez, mamá. Probablemente. Yo me fijo. ¿Te llamo, ok? Chao.” Lyle colgó.

Bueno, en “Snowcrash” también hay mamás. La mamá de Y.T. trabaja en Fedland (el último reducto del gobierno federal de lo que antes fue Estados Unidos). Para explicarnos lo burocrático que se ha vuelto Fedland, Stephenson le dedica seis páginas completas a un memo que reglamenta la utilización del papel higiénico y la estricta y sistemática vigilancia del tiempo que se toman los empleados en leerlo.

¿La mamá de Y.T. convierte a “Snowcrash” en postcyberpunk? La respuesta es un poco más compleja de lo que parece. Lawrence Pearson, editor de la revista Nova Express, nos trae una noticia en su artículo “Notas para un Manifiesto Postcyberpunk” publicado en 1999 en la página Slashdot: Hay una serie de libros publicados en los 90s que parecen postcyberpunk pero que no se ajustan a las definiciones básicas, entre los cuales menciona a “Nimbus” de Alexander Jablokov, “Fairyland” de Paul J. McAuley y “Snowcrash” de Stephenson. Son textos que desafían la taxonomía, o deberían ser considerados como mutaciones híbridas o tal vez como clásicos tardíos del cyberpunk.

¿Entonces en qué quedamos? ¿Cuál es la diferencia entre cyberpunk y postcyberpunk?

Pearson nos da elementos para una respuesta: Por un lado está el tipo de personajes, en lugar de los lobos solitarios del cyberpunk, en el postcyberpunk los protagonistas están dentro del sistema, tienen familias, niños y empleo. Son personajes con raíces en la sociedad en la que viven, aunque su vida diaria también esté permeada del rápido cambio tecnológico y de una infraestructura informática omnipresente, pero su marco social es tan detallado y lleno de matices como su marco tecnológico. En el cyberpunk, la tecnología es un factor que aliena a los personajes de su sociedad. En el postcyberpunk, la tecnología es la sociedad misma.

Por otro lado, también está el aspecto generacional. La mayor parte del cyberpunk se escribió en los 80s y el postcyberpunk en los 90s y principios de este siglo. Los autores cyberpunk estaban entre los 20 y 30 años de edad, mientras que los postcyberpunk están en sus 30s tardíos y 40s tempranos. Finalmente, es necesario entender que la generación postcyberpunk creció leyendo los textos cyberpunk al mismo tiempo que los clásicos de la ciencia ficción. Para ellos no hubo una revolución (una discontinuidad) sino un continuo.

“Rewired” es la antología del postcyberpunk, editada por James Patrick Kelly y John Kessel en 2007. Consta de 16 cuentos que caen dentro de la borrosa categoría del subgénero, incluyendo la historia de Bruce Sterling arriba mencionada. Entre cuento y cuento trae fragmentos de la correspondencia intercambiada entre Sterling y John Kessel donde se dio la discusión sobre la naturaleza del cyberpunk que finalmente llevó a pensar en la existencia de un nuevo subgénero llamado postcyberpunk.

Como todas las categorías dentro de la ciencia ficción, los límites del postcyberpunk son fluidos y desdibujados. Es posible que la pregunta, en lugar de ¿qué es el postcyberpunk? sea ¿qué sucede después del cyberpunk? Porque se trata más de entender qué es lo que está sucediendo desde los 90s en la ciencia ficción y no de construir etiquetas para nombrar a un grupo de obras o autores.

En ese caso, las respuestas resultarán más interesantes.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Slumdog Cyberpunk


¿Qué tienen en común “Slumdog Millionaire” y “Blade Runner”?

Además de pertenecer a ese grupo de películas cuyos títulos traducidos nunca se nos graban a pesar de los esfuerzos de las distribuidoras, son dirigidas respectivamente por Danny Boyle y Ridley Scott, ambos ingleses. Estos dos directores han coqueteado con la ciencia ficción, con bastante éxito y acierto.

Ridley Scott reinventó la manera de hacer cine de terror futurista con “Alien, el octavo pasajero” (1979) además de regalarnos a Ellen Ripley, la primera heroína femenina realista en una película del género; introdujo el Macintosh de Apple en 1984 con un comercial para el Super Bowl inspirado precisamente en “mil novecientos ochenta y cuatro”, la novela distópica de George Orwell de 1949; y, por supuesto, dirigió “Blade Runner” (1982) la película de culto basada en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” (1968) de Philip K. Dick.

Por su parte, Danny Boyle nos obsequió en 2002 con pesadillas recurrentes de zombies acelerados con los ojos inyectados de sangre en “28 días después...” y en 2007 intentó convencernos de la posibilidad de reencender el sol con un artilugio termonuclear en “Sunshine”, ambas cintas protagonizadas por un Cillian Murphy de voz más grave que la que le escuchamos en “Desayuno en Plutón” (2005), cuando todavía Plutón era un planeta.

Boyle dirigió también el cortometraje comedia de ciencia ficción “Alien love triangle” (imágenes de la película después del minuto ocho) con la actuación de Kenneth Branagh y Courtney Cox. El corto estaba planeado como una trilogía pero las otras dos historias se desarrollaron y comercializaron finalmente como largometrajes (Mimic, 1997 e Impostor, 2002).

Pero lo que me llevó a formular la pregunta fue esa extraña sensación de déjà vu que empecé a experimentar durante la premiere en Medellín de “Slumdog Millionaire”.

Mumbai se nos revela como una urbe real cargada de irrealidad donde conviven el urbanismo contemporáneo, los call centers y franquicias de shows norteamericanos con un crisol de culturas y personajes que se las arreglan para sobrevivir al margen de lo que llamamos civilización.

Y algo dentro de nosotros nos dice que estamos viendo el futuro de nuestras propias ciudades.

Las calles superpobladas de una Mumbai multicolor a plena luz del día me trajeron recuerdos de la atmósfera irreal pero extrañamente cargada de realidad de una Los Angeles nocturna donde nunca deja de llover, con callejones oscuros y decadentes apenas iluminados por los dirigibles publicitarios y las luces de los autos voladores. Me evocó destellos de “Blade Runner” como ese mercado callejero con gente de todas las razas y lenguas donde es posible examinar en un microscopio electrónico la marca de fábrica en la escama de una boa replicada sintéticamente.

Pero, ¿qué tienen en común? ¿por qué el déjà vu?

Creo que es esa atmósfera que todo lo impregna, la atmósfera del “Cyberpunk”.

“Cyberpunk” es un subgénero de la ciencia ficción cuyas historias se ubican en el futuro cercano, casi a la vuelta de la esquina. Su sello característico es que son protagonizadas por personajes marginales (La escoria de la sociedad, los “slumdogs”, como Jamal y Salim Malik o como los protagonistas de la cinta “Trainspotting”, también dirigida por Boyle) enfrentados a Megacorporaciones que han remplazado los países estado.

El sufijo “Punk” nos recuerda siempre al eterno adolescente con motilado de indio mohicano, ropa negra, preferiblemente de cuero y llena de taches y cadenas. Surgió como movimiento musical a mediados de la década de los 70s en Norteamérica y el Reino Unido, inspirado en las actitudes transgresoras del rock hard-core. En un sentido más general, el “Punk” es ese personaje rebelde que no encaja en el sistema pero se las arregla para vivir al margen del mismo.

La “cibernética” normalmente la asociamos con la tecnología informática, aunque el término cubre disciplinas tan diversas como la inteligencia artificial, el aprendizaje organizacional, la bioingeniería, la dinámica de sistemas y la ergonomía.

Así que el “Cyberpunk” siempre se pone del lado de subculturas que rayan con la ilegalidad, dentro de una sociedad opresiva dominada por la alta tecnología.

El término fue inventado por el escritor Bruce Bethke como título para una historia de hackers adolescentes que publicó en 1980. Su intención era que su historia tuviera un título de una sola palabra que enganchara de inmediato al lector y, lo que es más importante, al editor. El mismo Bethke aclara que no se considera el inventor del género “Cyberpunk”, sólo de la palabra. Ese honor se lo concede a William Gibson, quien, a su vez, creó el término “Ciberespacio” en su cuento “Quemando Cromo” publicado en 1982 (como en la opresiva neolengua creada por Orwell para “mil novecientos ochenta y cuatro”, los autores de ciencia ficción son prolíficos acuñadores de nuevos vocablos para nombrar las cosas que vendrán).

De hecho, el filme “Blade Runner” se pelea el lugar como la obra más importante del “Cyberpunk” con “Neuromante” (1984), la novela paradigmática de William Gibson. Ganadora de los tres premios más importantes dedicados a la ciencia ficción, el Nébula,el Hugo y el Philip K. Dick, fue la primera novela de Gibson y el comienzo de su primera trilogía, conocida como el “Sprawl” (término que se refiere a la expansión descontrolada de la megalópolis donde se desarrollan las tramas).

Los Hackers en “Neuromante” se conectan al ciberespacio a través de un enchufe implantado en el cráneo, como lo hace Neo en la película “Matrix” (1999) de los hermanos Wachowski (que de hecho está inspirada en varias obras del género “Cyberpunk”, incluida “Neuromante”). Este enchufe funciona como los puertos USB actuales, en ellos también pueden insertarse pequeñas memorias para el aprendizaje instantáneo de cualquier tema (Gibson también creo una palabra para nombrar estas memorias: “microsoft”, pero tengo entendido que el término es hoy marca registrada de una empresa de software).

¿Entonces puede decirse que William Gibson inventó la Internet?

De ninguna manera. La Internet, es decir, una red distribuida a nivel mundial de computadores personales y servidores, es un concepto que aparece por primera vez en una historia corta publicada por Murray Leinster (a.k.a. Will F. Jenkins) en 1946: “A Logic named Joe”. Un error de fabricación hace ligeramente diferente a uno de estos Logics, o computadores, lo que le permite brindar respuestas acertadas a cualquier inquietud planteada por los humanos a través de la red sin importar las intenciones de quien pregunta ni las consecuencias de sus actos. Esto, por supuesto, casi destruye la civilización.

Sin embargo, Gibson sí puede considerarse un visionario que advirtió las potencialidades de la Internet cuando ésta estaba apenas empezando. “Tenía la corazonada de que la Internet cambiaría las cosas, de la misma manera que la ubicuidad del automóvil cambió las cosas”. En 1995 la describió como “uno de los logros más fascinantes de la humanidad, el nacimiento de una nueva civilización, un cambio tan significativo como el nacimiento de las ciudades.”

Por otra parte, si bien el término “ciberespacio” se utiliza en nuestros días para refererirse a la Internet, el ciberespacio de Gibson era mucho más, una representación gráfica de inmersión total como los videojuegos actuales, pero con una estética parecida a los espacios esquemáticos de “Tron” (1982).

La matriz es una representación abstracta de las relaciones entre representaciones de datos. Los programadores legítimos entran en conexión con el sector de la matriz de sus jefes y se encuentran rodeados por luminosas formas geométricas que representan la información empresarial.

Torres y campos de información ordenados en el incoloro no-espacio de la matriz de simulación, la alucinación consensual que facilita la manipulación y el intercambio de enormes cantidades de datos.

William Gibson, “Quemando Cromo"


No está claro si fue William Gibson o no el primero en escribir sobre esta “alucinación consensual”.

Vernor Vinge es el escritor de la novela corta “True Names”, publicada en 1981, considerada la primera historia que describe esta realidad virtual compartida (aunque “Quemando Cromo” fue publicada en 1982, su texto había sido leído públicamente en una convención de ciencia ficción en el otoño de 1981. Me suena a empate técnico). En “El Otro Plano”, como nombra Vinge al ciberespacio, cada cual puede elegir su propio aspecto y el de sus programas, dependiendo de su creatividad o sutileza.

Minutos más tarde, se escondieron entre los arbustos, fuera del camino de dos hackers armados que recorrían implacablemente el sendero. Iban en fila india, sus motocicletas con motores de ocho cilindros imposiblemente grandes eructando ruidosamente fuego y humo. El de retaguardia llevaba un rifle anticuado decorado con esvásticas y cromo. Débiles llamas asomaban por sus placas frontales ennegrecidas. Los dos perros observaron a los motociclistas tímidamente, acorde con su actual aspecto, pero Mr. Slippery intuía que se trataba de un par de aficionados tratando de aparentar más allá de sus capacidades: los neumáticos de las motos no siempre tocaban la tierra, y las huellas que dejaban no se ajustaban exactamente a la textura del barro. Cualquiera podía tener un aspecto heróico en este plano, o aparecer como un terrible monstruo. El problema era que siempre había usuarios expertos dispuestos a reducir a tales pretenciosos a su verdaderas dimensiones e incluso hasta destruir su acceso. Convenía a los novatos aparecer pequeños y discretos, y apartarse del camino de los otros.

Vernor Vinge, “True Names”


Pero las ideas desarrolladas por los escritores “Cyberpunk” no se limitaban a los computadores, también era común encontrar productos de la bioingeniería, como los replicantes de “Blade Runner” o intervenciones quirúrgicas radicales: El protagonista de “Neuromante” es Case, un hacker que ya no puede conectarse al ciberespacio porque ha sido atacado por una micotoxina que le modifica el sistema nervioso, por venganza de un cliente al que engañó. El nuevo patrón de Case tiene los recursos para pagarle una reconstrucción de sus redes neuronales pero también le cambia el metabolismo de su hígado para que nunca más le hagan efecto las metanfetaminas a las que era adicto. Su compañera de aventuras es Molly, una mercenaria que se ha hecho implantar quirúrgicamente unos lentes de espejo que esconden sus ojos permanentemente y cuchillas de acero que puede sacar a voluntad de debajo de sus uñas (como el Wolverine de X-Men).

El “Cyberpunk” ha permeado prácticamente todas las expresiones artísticas y culturales, la música, la moda, los videojuegos y juegos de roles, incluso los dibujos animados, especialmente los generos Anime y Manga. En el clásico largometraje “Akira” (1988), treinta años después de la guerra nuclear, sobre las ruinas de Tokio, se alza la megalópolis de Neo-Tokio, opresiva e inhumana y llena de terrorismo, droga y violencia. Las sectas religiosas y los grupos extremistas cultivan el mito de AKIRA, un niño que adquirió poderes psíquicos cuando era sujeto de experimentos secretos del gobierno y que causó la explosión que dio inició a la tercera guerra mundial.

William Gibson conoció al también escritor Bruce Sterling en una convención de ciencia ficción en 1981. Sterling identificó en la obra de Gibson un cambio de paradigma y comentó a sus colegas: “desechemos nuestras ideas preconcebidas y fijémonos en este tipo de Vancouver. Este es el camino hacia adelante”. Allí nació lo que ellos y otros pocos escritores llamaron “El Movimiento” y Sterling se convirtió en el ideólogo del grupo.

“Escritor visionario está OK. Profeta simplemente no es verdad. Una de las cosas que hicieron que Bruce Sterling me cayera bien desde el principio. Nos dimos la mano y él dijo “¡Tenemos un trabajo maravilloso! Podemos ser charlatanes y nos pagan por ello. Nos inventamos esta mierda y la gente se la cree.”

Gibson en una entrevista con ActuSf, 2008


En 1983 Sterling comenzó la publicación de una “revista” (cada ejemplar era una hoja, impresa por ambos lados) llamada “Cheap Truth” en la que escribía sus artículos con el seudónimo “Vincent Omniaveritas”. La publicación llegó a convertirse en el órgano no oficial de “El Movimiento” y atacaba lo que consideraban el estado estancado de la ciencia ficción de la época.

“Cheap Truth” tuvo 18 entregas, la última de ellas en noviembre de 1986, anunciando la muerte de “Vincent Omniaveritas”. Ese mismo año el “Pakistani flu”, primer virus compatible con PCs infectó la Internet y Bruce Sterling fue el editor de “Mirrorshades, una Antología Cyberpunk”. Esta colección de historias cortas, que se convirtió en el referente del subgénero, incluía textos de Gibson y del propio Sterling, así como de otros escritores de “El Movimiento”: Tom Maddox, Pat Cadigan, Rudy Rucker, Marc Laidlaw, Greg Bear, Lewis Shiner, John Shirley y Paul Di Filippo.

También incluía una historia de un escritor cuya inclinación humanista lo apartaba de los “Cyberpunk”, James Patrick Kelly, quien junto a John Kessel ha publicado las antologías de los subgéneros que han sucedido al “Cyberpunk” desde finales del siglo pasado: “Rewired: The Post-Cyberpunk Anthology” y “Feeling Very Strange: the Slipstream Anthology”

“Slipstream” es un neologismo introducido por Sterling en 1989 para referirse a un tipo de ficción especulativa en la frontera entre la ciencia ficción, la literatura fantástica y la literatura tradicional.

[..] nosotros ya no cambiamos la tecnología; más bien, ella ha empezado a cambiarnos. No sólo nuestras casas y colegios, nuestros gobiernos y lugares de trabajo, sino nuestros sentidos, nuestros recuerdos y nuestra conciencia.

James Patrick Kelly y John Kessel en "Rewired"


Bruce Sterling, James Patrick Kelly y John Kessel estarán el próximo viernes en Medellín, participando en el Encuentro Fractal 09 y tendremos la oportunidad de presenciar otro round de la discusión que han adelantado desde hace varios años y que ha dinamizado la evolución reciente de la ciencia ficción.

Post data

En su niñez, Bruce Sterling vivió varios años en la India, y en la actualidad es un reconocido admirador del cine de Bollywood.

Espero tener la oportunidad de preguntarle si “Slumdog Millionaire” le hizo sentir esa misma extraña sensación de déjà vu.

viernes, 20 de febrero de 2009

Sleep Dealer: Inmigrantes latinos cyberpunk


Esta película de Alex Rivera es un encuentro de los inmigrantes latinos a los Estados Unidos con la tecnología que el Cyberpunk nos dio a conocer en los años 80's.

Desde México se exporta mano de obra a los Estados Unidos, sólo que los trabajadores no tienen que estar físicamente en las obras de construcción sino que están conectados a través de una interfaz de inmersión total...

bueno, el resto lo ven en este link y en el website oficial.