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martes, 10 de marzo de 2009

De Cyberpunk a Post-cyberpunk


“De homosapiens a homocyborg”, así titularon su charla en el Encuentro Fractal 09 los muchachos del Colectivo Elniuton, su aporte a este evento fue recordarnos que existen espacios en Colombia dedicados a acercar el arte y el diseño con la ciencia y la tecnología.

Nos mostraron cómo para lograr lo que uno se propone sólo se necesitan ganas. De su cuarta entrega, construida alrededor del tema del erotismo, nos compartieron la intimidad del estudio de H. R. Giger, el artista suizo que nos deleitó con los aterradores pero elegantes diseños que dieron vida cinematográfica a la criatura de Alien . A propósito, si alguien anda por Valencia, España, en estos días le conviene ver la exposición itinerante que está en la Universidad Politécnica de esa ciudad.

¿Itinerante?

¿No será que alguno de nuestros museos se antoja a traerla?

Nos contaron también que hay un artista en Colombia llamado Fernando Ortiz, que combina sus conocimientos de matemáticas, programación y diseño en Flash para crear hermosas criaturas cibernéticas que me recordaron una página Web con la misma filosofía de código abierto que él maneja. ¿No es una interesante coincidencia a tres bandas que precisamente el ejemplo de levitated.net llamado Invader.Fractal nos recuerde el logo pixelado de Elnituon.com?

Finalmente nos aterrizaron sin previo aviso en pleno corazón del cyberpunk, con la obra del artista Stelarc, un verdadero “homocyborg” cuyo arte es modificar su propio cuerpo a través de la implantación invasiva de tecnología cibernética o biológica, como una tercera mano robótica o una copia de la oreja ubicada en su antebrazo. Por algo tuvieron a su cargo la antesala de la conferencia central del encuentro: un mano a mano entre James Patrick Kelly y John Kessel hablando sobre el cyberpunk y el postcyberpunk.

Desde la época de manzanazeta no encontraba yo en Colombia un trabajo tan disciplinado en la publicación periódica de un ejemplar electrónico con una temática determinada. Elniuton también elabora propuestas de intervención análogo/digital como el graffiti electrónico que construyeron para el encuentro (mezcla de stencil, leds y sensores de movimiento).

Buscando relación entre el nombre de Elniuton, el cyberpunk y el postcyberpunk, me acordé que fue precisamente Neal Stephenson, un escritor que se ha movido entre estos subgéneros, quien dibujó dentro de su serie de ficción histórica, “el Ciclo Barroco”, el retrato de un Isaac Newton tan tremendamente humano que se nos hace insoportable por su pedantería y suficiencia.

Neal Stephenson no escribe textos cortos (no aparece en ninguna antología, simplemente porque no escribe cuentos) ni es fácil de leer: cada una de sus obras es una maratón de cientos y cientos de páginas llenas de referencias de historia, lingüística, antropología, arqueología, religión, informática, política, criptografía y filosofía. En sus páginas se codean personas reales como Alan Turing, el padre de la computación moderna, con misteriosos personajes ficticios como el longevo Enoch Root, los antiguos sumerios con la criptografía digital y tribus post estadounidenses repartiéndose el continente a través franquicias comerciales.

Su tercera novela, “Snowcrash” (1992), es un buen ejemplo para ilustrar la relación entre el cyberpunk y el postcyberpunk. El nombre de “Snowcrash” viene de un error que a veces causaba en los antiguos Apple Macintosh que la pantalla quedara como “un televisor sintonizado en un canal muerto” (no pude abstenerme de citar el Neuromante).

El Héroe protagonista de “Snowcrash” se llama “Hiro Protagonist” y pierde su empleo de “Deliverator” (repartidor de pizza para la Mafia Italiana) en un aparatoso accidente en el que conoce a Y.T., una skater adolescente que surfea a 100 kilómetros por hora las autopistas de lo que antes fue el estado de California, llevando y trayendo correos. Hiro alterna su existencia entre el mundo real y el “Metaverso”, versión esférica de Stephenson de la alucinación consensual que habían descrito William Gibson y Vernor Vinge una década atrás.

La guía de Joe Scalzi sobre el cine de ciencia ficción (2005) considera esta novela como la obra que cerró la primera ola del cyberpunk en 1992. Tiene todos los elementos del subgénero: un protagonista marginal, desempleado y sin dinero, debe enfrentarse en el Metaverso y en el mundo real a la conspiración tramada por un multimillonario monopolista de la fibra óptica para diseminar un virus informático que es capaz de infectar el cerebro humano. ¿O se trata de postcyberpunk?

John Kessel intentó aclararnos el significado del término postcyberpunk en la conferencia que dictó con James Kelly el pasado 6 de marzo.

A los personajes del cyberpunk no les pasa por la cabeza la idea de cambiar el mundo. Sólo quieren ganarse en un cruce lo suficiente para poder salir de la calle. ¡Qué me importa que el mundo se vaya a la mierda si voy a poder pagar para que no me pase a mí!

Pero en el cyberpunk quedaba faltando algo. Mientras estos hackers estaban robando los secretos del gobierno y drogándose en callejones oscuros, ¿quién hacía el pan? ¿Dónde están los personajes que hacen que el mundo siga funcionando? ¿Dónde están las familias? ¿No hay papás ni mamás?

En los 90s los autores que fueron del cyberpunk empezaron a contestar estas preguntas. Bruce Sterling publicó “Bicycle Repairman” en 1996. En este cuento, el afán del antihéroe se ve interrumpido en mitad de la trama por la llamada de su madre.

“¿Estás comiendo bien, Lyle? Te ves flaco.”
Lyle levantó su pantorrilla ante la cámara. “¡Mira esta pierna! ¿Acaso se ven como lo gemelos de una persona débil y enfermiza?”
“¿Podrías venir al apartamento a comer algo decente conmigo algún día?”
Lyle parpadeó. “¿Cuándo?”
“¿Puede ser el miércoles? Podemos comer costilla.”
“Tal vez, mamá. Probablemente. Yo me fijo. ¿Te llamo, ok? Chao.” Lyle colgó.

Bueno, en “Snowcrash” también hay mamás. La mamá de Y.T. trabaja en Fedland (el último reducto del gobierno federal de lo que antes fue Estados Unidos). Para explicarnos lo burocrático que se ha vuelto Fedland, Stephenson le dedica seis páginas completas a un memo que reglamenta la utilización del papel higiénico y la estricta y sistemática vigilancia del tiempo que se toman los empleados en leerlo.

¿La mamá de Y.T. convierte a “Snowcrash” en postcyberpunk? La respuesta es un poco más compleja de lo que parece. Lawrence Pearson, editor de la revista Nova Express, nos trae una noticia en su artículo “Notas para un Manifiesto Postcyberpunk” publicado en 1999 en la página Slashdot: Hay una serie de libros publicados en los 90s que parecen postcyberpunk pero que no se ajustan a las definiciones básicas, entre los cuales menciona a “Nimbus” de Alexander Jablokov, “Fairyland” de Paul J. McAuley y “Snowcrash” de Stephenson. Son textos que desafían la taxonomía, o deberían ser considerados como mutaciones híbridas o tal vez como clásicos tardíos del cyberpunk.

¿Entonces en qué quedamos? ¿Cuál es la diferencia entre cyberpunk y postcyberpunk?

Pearson nos da elementos para una respuesta: Por un lado está el tipo de personajes, en lugar de los lobos solitarios del cyberpunk, en el postcyberpunk los protagonistas están dentro del sistema, tienen familias, niños y empleo. Son personajes con raíces en la sociedad en la que viven, aunque su vida diaria también esté permeada del rápido cambio tecnológico y de una infraestructura informática omnipresente, pero su marco social es tan detallado y lleno de matices como su marco tecnológico. En el cyberpunk, la tecnología es un factor que aliena a los personajes de su sociedad. En el postcyberpunk, la tecnología es la sociedad misma.

Por otro lado, también está el aspecto generacional. La mayor parte del cyberpunk se escribió en los 80s y el postcyberpunk en los 90s y principios de este siglo. Los autores cyberpunk estaban entre los 20 y 30 años de edad, mientras que los postcyberpunk están en sus 30s tardíos y 40s tempranos. Finalmente, es necesario entender que la generación postcyberpunk creció leyendo los textos cyberpunk al mismo tiempo que los clásicos de la ciencia ficción. Para ellos no hubo una revolución (una discontinuidad) sino un continuo.

“Rewired” es la antología del postcyberpunk, editada por James Patrick Kelly y John Kessel en 2007. Consta de 16 cuentos que caen dentro de la borrosa categoría del subgénero, incluyendo la historia de Bruce Sterling arriba mencionada. Entre cuento y cuento trae fragmentos de la correspondencia intercambiada entre Sterling y John Kessel donde se dio la discusión sobre la naturaleza del cyberpunk que finalmente llevó a pensar en la existencia de un nuevo subgénero llamado postcyberpunk.

Como todas las categorías dentro de la ciencia ficción, los límites del postcyberpunk son fluidos y desdibujados. Es posible que la pregunta, en lugar de ¿qué es el postcyberpunk? sea ¿qué sucede después del cyberpunk? Porque se trata más de entender qué es lo que está sucediendo desde los 90s en la ciencia ficción y no de construir etiquetas para nombrar a un grupo de obras o autores.

En ese caso, las respuestas resultarán más interesantes.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Slumdog Cyberpunk


¿Qué tienen en común “Slumdog Millionaire” y “Blade Runner”?

Además de pertenecer a ese grupo de películas cuyos títulos traducidos nunca se nos graban a pesar de los esfuerzos de las distribuidoras, son dirigidas respectivamente por Danny Boyle y Ridley Scott, ambos ingleses. Estos dos directores han coqueteado con la ciencia ficción, con bastante éxito y acierto.

Ridley Scott reinventó la manera de hacer cine de terror futurista con “Alien, el octavo pasajero” (1979) además de regalarnos a Ellen Ripley, la primera heroína femenina realista en una película del género; introdujo el Macintosh de Apple en 1984 con un comercial para el Super Bowl inspirado precisamente en “mil novecientos ochenta y cuatro”, la novela distópica de George Orwell de 1949; y, por supuesto, dirigió “Blade Runner” (1982) la película de culto basada en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” (1968) de Philip K. Dick.

Por su parte, Danny Boyle nos obsequió en 2002 con pesadillas recurrentes de zombies acelerados con los ojos inyectados de sangre en “28 días después...” y en 2007 intentó convencernos de la posibilidad de reencender el sol con un artilugio termonuclear en “Sunshine”, ambas cintas protagonizadas por un Cillian Murphy de voz más grave que la que le escuchamos en “Desayuno en Plutón” (2005), cuando todavía Plutón era un planeta.

Boyle dirigió también el cortometraje comedia de ciencia ficción “Alien love triangle” (imágenes de la película después del minuto ocho) con la actuación de Kenneth Branagh y Courtney Cox. El corto estaba planeado como una trilogía pero las otras dos historias se desarrollaron y comercializaron finalmente como largometrajes (Mimic, 1997 e Impostor, 2002).

Pero lo que me llevó a formular la pregunta fue esa extraña sensación de déjà vu que empecé a experimentar durante la premiere en Medellín de “Slumdog Millionaire”.

Mumbai se nos revela como una urbe real cargada de irrealidad donde conviven el urbanismo contemporáneo, los call centers y franquicias de shows norteamericanos con un crisol de culturas y personajes que se las arreglan para sobrevivir al margen de lo que llamamos civilización.

Y algo dentro de nosotros nos dice que estamos viendo el futuro de nuestras propias ciudades.

Las calles superpobladas de una Mumbai multicolor a plena luz del día me trajeron recuerdos de la atmósfera irreal pero extrañamente cargada de realidad de una Los Angeles nocturna donde nunca deja de llover, con callejones oscuros y decadentes apenas iluminados por los dirigibles publicitarios y las luces de los autos voladores. Me evocó destellos de “Blade Runner” como ese mercado callejero con gente de todas las razas y lenguas donde es posible examinar en un microscopio electrónico la marca de fábrica en la escama de una boa replicada sintéticamente.

Pero, ¿qué tienen en común? ¿por qué el déjà vu?

Creo que es esa atmósfera que todo lo impregna, la atmósfera del “Cyberpunk”.

“Cyberpunk” es un subgénero de la ciencia ficción cuyas historias se ubican en el futuro cercano, casi a la vuelta de la esquina. Su sello característico es que son protagonizadas por personajes marginales (La escoria de la sociedad, los “slumdogs”, como Jamal y Salim Malik o como los protagonistas de la cinta “Trainspotting”, también dirigida por Boyle) enfrentados a Megacorporaciones que han remplazado los países estado.

El sufijo “Punk” nos recuerda siempre al eterno adolescente con motilado de indio mohicano, ropa negra, preferiblemente de cuero y llena de taches y cadenas. Surgió como movimiento musical a mediados de la década de los 70s en Norteamérica y el Reino Unido, inspirado en las actitudes transgresoras del rock hard-core. En un sentido más general, el “Punk” es ese personaje rebelde que no encaja en el sistema pero se las arregla para vivir al margen del mismo.

La “cibernética” normalmente la asociamos con la tecnología informática, aunque el término cubre disciplinas tan diversas como la inteligencia artificial, el aprendizaje organizacional, la bioingeniería, la dinámica de sistemas y la ergonomía.

Así que el “Cyberpunk” siempre se pone del lado de subculturas que rayan con la ilegalidad, dentro de una sociedad opresiva dominada por la alta tecnología.

El término fue inventado por el escritor Bruce Bethke como título para una historia de hackers adolescentes que publicó en 1980. Su intención era que su historia tuviera un título de una sola palabra que enganchara de inmediato al lector y, lo que es más importante, al editor. El mismo Bethke aclara que no se considera el inventor del género “Cyberpunk”, sólo de la palabra. Ese honor se lo concede a William Gibson, quien, a su vez, creó el término “Ciberespacio” en su cuento “Quemando Cromo” publicado en 1982 (como en la opresiva neolengua creada por Orwell para “mil novecientos ochenta y cuatro”, los autores de ciencia ficción son prolíficos acuñadores de nuevos vocablos para nombrar las cosas que vendrán).

De hecho, el filme “Blade Runner” se pelea el lugar como la obra más importante del “Cyberpunk” con “Neuromante” (1984), la novela paradigmática de William Gibson. Ganadora de los tres premios más importantes dedicados a la ciencia ficción, el Nébula,el Hugo y el Philip K. Dick, fue la primera novela de Gibson y el comienzo de su primera trilogía, conocida como el “Sprawl” (término que se refiere a la expansión descontrolada de la megalópolis donde se desarrollan las tramas).

Los Hackers en “Neuromante” se conectan al ciberespacio a través de un enchufe implantado en el cráneo, como lo hace Neo en la película “Matrix” (1999) de los hermanos Wachowski (que de hecho está inspirada en varias obras del género “Cyberpunk”, incluida “Neuromante”). Este enchufe funciona como los puertos USB actuales, en ellos también pueden insertarse pequeñas memorias para el aprendizaje instantáneo de cualquier tema (Gibson también creo una palabra para nombrar estas memorias: “microsoft”, pero tengo entendido que el término es hoy marca registrada de una empresa de software).

¿Entonces puede decirse que William Gibson inventó la Internet?

De ninguna manera. La Internet, es decir, una red distribuida a nivel mundial de computadores personales y servidores, es un concepto que aparece por primera vez en una historia corta publicada por Murray Leinster (a.k.a. Will F. Jenkins) en 1946: “A Logic named Joe”. Un error de fabricación hace ligeramente diferente a uno de estos Logics, o computadores, lo que le permite brindar respuestas acertadas a cualquier inquietud planteada por los humanos a través de la red sin importar las intenciones de quien pregunta ni las consecuencias de sus actos. Esto, por supuesto, casi destruye la civilización.

Sin embargo, Gibson sí puede considerarse un visionario que advirtió las potencialidades de la Internet cuando ésta estaba apenas empezando. “Tenía la corazonada de que la Internet cambiaría las cosas, de la misma manera que la ubicuidad del automóvil cambió las cosas”. En 1995 la describió como “uno de los logros más fascinantes de la humanidad, el nacimiento de una nueva civilización, un cambio tan significativo como el nacimiento de las ciudades.”

Por otra parte, si bien el término “ciberespacio” se utiliza en nuestros días para refererirse a la Internet, el ciberespacio de Gibson era mucho más, una representación gráfica de inmersión total como los videojuegos actuales, pero con una estética parecida a los espacios esquemáticos de “Tron” (1982).

La matriz es una representación abstracta de las relaciones entre representaciones de datos. Los programadores legítimos entran en conexión con el sector de la matriz de sus jefes y se encuentran rodeados por luminosas formas geométricas que representan la información empresarial.

Torres y campos de información ordenados en el incoloro no-espacio de la matriz de simulación, la alucinación consensual que facilita la manipulación y el intercambio de enormes cantidades de datos.

William Gibson, “Quemando Cromo"


No está claro si fue William Gibson o no el primero en escribir sobre esta “alucinación consensual”.

Vernor Vinge es el escritor de la novela corta “True Names”, publicada en 1981, considerada la primera historia que describe esta realidad virtual compartida (aunque “Quemando Cromo” fue publicada en 1982, su texto había sido leído públicamente en una convención de ciencia ficción en el otoño de 1981. Me suena a empate técnico). En “El Otro Plano”, como nombra Vinge al ciberespacio, cada cual puede elegir su propio aspecto y el de sus programas, dependiendo de su creatividad o sutileza.

Minutos más tarde, se escondieron entre los arbustos, fuera del camino de dos hackers armados que recorrían implacablemente el sendero. Iban en fila india, sus motocicletas con motores de ocho cilindros imposiblemente grandes eructando ruidosamente fuego y humo. El de retaguardia llevaba un rifle anticuado decorado con esvásticas y cromo. Débiles llamas asomaban por sus placas frontales ennegrecidas. Los dos perros observaron a los motociclistas tímidamente, acorde con su actual aspecto, pero Mr. Slippery intuía que se trataba de un par de aficionados tratando de aparentar más allá de sus capacidades: los neumáticos de las motos no siempre tocaban la tierra, y las huellas que dejaban no se ajustaban exactamente a la textura del barro. Cualquiera podía tener un aspecto heróico en este plano, o aparecer como un terrible monstruo. El problema era que siempre había usuarios expertos dispuestos a reducir a tales pretenciosos a su verdaderas dimensiones e incluso hasta destruir su acceso. Convenía a los novatos aparecer pequeños y discretos, y apartarse del camino de los otros.

Vernor Vinge, “True Names”


Pero las ideas desarrolladas por los escritores “Cyberpunk” no se limitaban a los computadores, también era común encontrar productos de la bioingeniería, como los replicantes de “Blade Runner” o intervenciones quirúrgicas radicales: El protagonista de “Neuromante” es Case, un hacker que ya no puede conectarse al ciberespacio porque ha sido atacado por una micotoxina que le modifica el sistema nervioso, por venganza de un cliente al que engañó. El nuevo patrón de Case tiene los recursos para pagarle una reconstrucción de sus redes neuronales pero también le cambia el metabolismo de su hígado para que nunca más le hagan efecto las metanfetaminas a las que era adicto. Su compañera de aventuras es Molly, una mercenaria que se ha hecho implantar quirúrgicamente unos lentes de espejo que esconden sus ojos permanentemente y cuchillas de acero que puede sacar a voluntad de debajo de sus uñas (como el Wolverine de X-Men).

El “Cyberpunk” ha permeado prácticamente todas las expresiones artísticas y culturales, la música, la moda, los videojuegos y juegos de roles, incluso los dibujos animados, especialmente los generos Anime y Manga. En el clásico largometraje “Akira” (1988), treinta años después de la guerra nuclear, sobre las ruinas de Tokio, se alza la megalópolis de Neo-Tokio, opresiva e inhumana y llena de terrorismo, droga y violencia. Las sectas religiosas y los grupos extremistas cultivan el mito de AKIRA, un niño que adquirió poderes psíquicos cuando era sujeto de experimentos secretos del gobierno y que causó la explosión que dio inició a la tercera guerra mundial.

William Gibson conoció al también escritor Bruce Sterling en una convención de ciencia ficción en 1981. Sterling identificó en la obra de Gibson un cambio de paradigma y comentó a sus colegas: “desechemos nuestras ideas preconcebidas y fijémonos en este tipo de Vancouver. Este es el camino hacia adelante”. Allí nació lo que ellos y otros pocos escritores llamaron “El Movimiento” y Sterling se convirtió en el ideólogo del grupo.

“Escritor visionario está OK. Profeta simplemente no es verdad. Una de las cosas que hicieron que Bruce Sterling me cayera bien desde el principio. Nos dimos la mano y él dijo “¡Tenemos un trabajo maravilloso! Podemos ser charlatanes y nos pagan por ello. Nos inventamos esta mierda y la gente se la cree.”

Gibson en una entrevista con ActuSf, 2008


En 1983 Sterling comenzó la publicación de una “revista” (cada ejemplar era una hoja, impresa por ambos lados) llamada “Cheap Truth” en la que escribía sus artículos con el seudónimo “Vincent Omniaveritas”. La publicación llegó a convertirse en el órgano no oficial de “El Movimiento” y atacaba lo que consideraban el estado estancado de la ciencia ficción de la época.

“Cheap Truth” tuvo 18 entregas, la última de ellas en noviembre de 1986, anunciando la muerte de “Vincent Omniaveritas”. Ese mismo año el “Pakistani flu”, primer virus compatible con PCs infectó la Internet y Bruce Sterling fue el editor de “Mirrorshades, una Antología Cyberpunk”. Esta colección de historias cortas, que se convirtió en el referente del subgénero, incluía textos de Gibson y del propio Sterling, así como de otros escritores de “El Movimiento”: Tom Maddox, Pat Cadigan, Rudy Rucker, Marc Laidlaw, Greg Bear, Lewis Shiner, John Shirley y Paul Di Filippo.

También incluía una historia de un escritor cuya inclinación humanista lo apartaba de los “Cyberpunk”, James Patrick Kelly, quien junto a John Kessel ha publicado las antologías de los subgéneros que han sucedido al “Cyberpunk” desde finales del siglo pasado: “Rewired: The Post-Cyberpunk Anthology” y “Feeling Very Strange: the Slipstream Anthology”

“Slipstream” es un neologismo introducido por Sterling en 1989 para referirse a un tipo de ficción especulativa en la frontera entre la ciencia ficción, la literatura fantástica y la literatura tradicional.

[..] nosotros ya no cambiamos la tecnología; más bien, ella ha empezado a cambiarnos. No sólo nuestras casas y colegios, nuestros gobiernos y lugares de trabajo, sino nuestros sentidos, nuestros recuerdos y nuestra conciencia.

James Patrick Kelly y John Kessel en "Rewired"


Bruce Sterling, James Patrick Kelly y John Kessel estarán el próximo viernes en Medellín, participando en el Encuentro Fractal 09 y tendremos la oportunidad de presenciar otro round de la discusión que han adelantado desde hace varios años y que ha dinamizado la evolución reciente de la ciencia ficción.

Post data

En su niñez, Bruce Sterling vivió varios años en la India, y en la actualidad es un reconocido admirador del cine de Bollywood.

Espero tener la oportunidad de preguntarle si “Slumdog Millionaire” le hizo sentir esa misma extraña sensación de déjà vu.