CIENCIA FICCIÓN
SCIENCE FICTION

sábado, 20 de enero de 2018

Relojes que no marcan la misma hora

“Relojes que no marcan la misma hora” (Planeta Lector, 2017) es el primer tomo de la antología de ciencia ficción colombiana en el que, gracias a la enorme generosidad de Rodrigo Bastidas, fue incluido un cuento mío, “El Milagro de Barcelona”. Lo escribí entre septiembre y octubre de 2016, cuando mis padres andaban de viaje, visitando a mi hermano en Barcelona. Mientras ellos paseaban, yo decidí invadir esa ciudad de una manera más inspirada en el Stanislav Lem de “La Voz del Amo” o en los hermanos Strugatski de “Picnic Extraterrestre” que en los típicos encuentros con extraterrestres de los escritores americanos. Qué me iba yo a imaginar que poco antes de la publicación del libro, esa ciudad sería víctima de un ataque terrorista, reflejando imágenes semejantes a las que yo había imaginado en el cuento.

Presento a continuación lo que más me ha gustado de este primer tomo:

“Los ancianos no lloraron, los hombres no lloraron, los niños no lloraron, las mujeres no lloraron, los maricas de Tumbajú tampoco derramaron una sola lágrima…”

“Eufóricos caminantes nocturnos”
de Luis Carlos Barragán, el primer cuento en este libro, es una historia con los pies firmemente apoyados en la tierra, en la tierra del conflicto de nuestro país, de la violencia, de la guerrilla, de las autodefensas, de los militares, de los desplazados. Escenario, más que recurrente, obligado de la literatura colombiana de las últimas décadas: todos tienen que escribir sobre eso en este país en guerra, si no es de eso, del narcotráfico.

Pero Barragán aborda el tema desde una perspectiva distinta, una que solo el género puede acoger: Él parte de la desesperanza de las víctimas, de esa desazón e impotencia del que lo ha perdido todo y no tiene cómo enfrentarse a un enemigo insensible, descarado, aprovechado y avasallador. Los caminantes nocturnos de Barragán retoman una de las tropas clásicas de la ciencia ficción y del terror y la reinterpretan para otorgarle justicia a esas víctimas.

Los zombis, en su definición más estándar, son una horda irracional e imparable, como una avalancha, como una fuerza de la naturaleza. Es por eso que son aterradores, porque no son un adversario con el que puedas pararte a negociar, no los puedes convencer, ellos no piensan, ellos van a lo que van. Los caminantes nocturnos de Barragán son diagnosticados como un episodio de histeria y sicosis colectiva, están enloquecidos y los domina una risa macabra que no pueden controlar, que no quieren controlar porque ha perdido todo uso de razón. Es esa risa la que los hace todavía más terroríficos y es por esa risa que tienen el calificativo de eufóricos.

“Risas más fuertes y más demoníacas, risas de niños, de ancianos, de mujeres, de hombres, de muchachos.”

A la justicia la pintan ciega pero los zombis de Barragán atacan y devoran en forma selectiva a los grupos armados y uniformados, dejando al margen a la población civil. Eso sí, no les importa de qué lado del conflicto estaban los que destruyeron sus casas y los sacaron de su pueblo, todos son culpables, todos son parte de la guerra, todos son apetitosos.

 De otro lado, la prosa es preciosa. Tiene una cadencia y un ritmo que da gusto leer y releer. Casi como un mantra, un cuento muy bien escrito.

“…mujeres, hombres, ancianos e incluso los maricas de Tumbajú se abrazaron en la playa como hermanos, lagrimearon, berrearon, agarraron la tierra entre los puños con dolor y gritaron.”

Luis Barragán también es artista plástico y es suya la ilustración de la carátula de esta antología: Un pintoresco ventorrillo callejero de salpicón y minutos de celular que levita en el aire gracias a alguna tecnología de control de la gravedad.

Conocí a Laura Rodríguez con el sonoro nombre de Colofonia Gilmour. Ese fue el seudónimo con el cual se presentó al segundo concurso de ciencia ficción Mirabilia de 2014, del cual fui invitado a participar como jurado gracias a la gentil recomendación de Luis Pestarini. “Karen”, su cuento, fue el ganador del concurso y estuvo en calidad muy por encima de los demás presentados. Este y otros de los finalistas se publicaron en la antología “Ahora Después Nunca”. Fue por esta razón que le recomendé a Rodrigo llamar a Laura para la antología y ella, por supuesto, no me decepcionó.

“Sangre Correr” es una historia que solo pudo haber sido escrita por una mujer, una mujer con la osadía y la imaginación de una Laura Rodríguez. ¿Por qué lo digo? Bueno, muéstrenme al primer hombre que sepa lo que realmente significa convivir con los cambios fisiológicos cíclicos que experimenta una mujer. Podemos imaginarlo, sí, pero de ninguna manera vamos a saber realmente lo que se siente.

Mabel es una chica mutante con hemorragias de proporciones bíblicas, tanto nasales como aquellas que llamamos “cosas de mujeres”. Ella es diferente en eso y en otras cosas que poco a poco se van revelando a lo largo del relato, diferencias que le permiten estar en varios lugares a la vez. Mientras ella está en el baño tratando de estancar una hemorragia poniéndose tacos en las fosas nasales, su brazo está en la cocina preparando un batido de frutas y verduras. Si es que de verdad se trata de un brazo o algo más parecido a los apéndices de un pulpo o de un calamar. Son diferencias que no solo espantan a aquellos que la rodean sino que también pueden poner en peligro sus vidas. Si no que le pregunten a su dermatólogo cuando despierte del coma.

La envidio como escritor. Laura nos demuestra que los límites de la imaginación están algunos años luz más allá de donde creíamos que debían ubicarse. Leerla te abre la mente y te rompe cadenas que no sabías que te estaban aprisionando. Todo ello salpicado con detalles de una cotidianidad tan ordinaria y verosímil que no tenés que hacer ningún esfuerzo para la suspensión de la incredulidad.

“Martín” de Diana Catalina Hernández es el cuento que cierra este libro, pero perfectamente podría ser un episodio de los Archivos X. Es un relato conspiracionista en la intimidad, casi que claustrofóbico. todo sucede dentro de las cuatro paredes de una habitación y una parada de autobús que alcanza a verse desde la ventana.

El protagonista sospecha que su compañero de apartamento, Martin, puede ser un alienígena o el resultado de algún extraño experimento genético. Pasa las noches en vela vigilándolo y parece que ha perdido la razón. O tal vez no, tal vez no está equivocado y Martín es una verdadera amenaza.

En “Sueño con Lampreles”, Humberto Ballesteros aplica la técnica de la lengua quemada. Lo hace desde el mismo título, como yo lo hice alguna vez. La palabra “lampreles” se te enreda en la boca, te obliga a una segunda lectura, y es ahí donde te atrapa.

Las lampreas son unos pescados largos como culebras que tienen una boca redonda llena de dientes en espirales como si fueran una pesadilla de Fibonacci. Eso es lo que Google encuentra cuando busco “lampreles”. Los “lampreles” de Humberto Ballesteros son plantas alienígenas genéticamente modificadas para maximizar su rendimiento para el consumo humano. Son cactos con espinas afiladas con tallos como cuellos gruesos, doblados por el peso de sus cabezas.

Como protagonista del cuento hay un personaje típico del género, el convicto que ha conmutado su condena por un trabajo solitario en lugar recóndito del cosmos, el cual puede ser peligrosísimo o tremendamente aburridor, según el caso. En esta ocasión se trata de una mujer que duerme durante los siete años que demora en madurar la cosecha y solo despierta para vigilar la siega automática.

Claro, los “lampreles” resultan ser mucho más que simples plantas comestibles.

Cristian Romero es un autor más en la línea del terror que de la ciencia ficción. Sus textos evocan sensaciones y ambientes opresivos, asfixiantes, como los que produce leer a Edgar Allan Poe o a H. P. Lovecraft. Para él los elementos especulativos son más un medio para lograr estos efectos, para alcanzar al lector de una manera visceral.

“Su Reflejo en la Ventana” no es un ejemplo típico de su obra. Es un cuento que recuerda más a Philip K. Dick que a aquellos otros autores. Se conserva su carga sensorial, pero lo que hace es cuestionar la diferencia entre lo que es real y lo que no lo es.

Adriana es mesera en una cafetería, acosada por un cliente desagradable de bigote asqueroso y fiel seguidora de la telenovela de turno. Tiene la oportunidad de participar como la protagonista en la telenovela a través de una tecnología de realidad virtual multisensorial de inmersión total.

Obviamente, algo sale mal.

Cierro esta reseña con “Del Invariable Tic-Tac, a los Estallidos Eléctricos del Quark”. Este es un ensayo de Rodrigo Bastidas que sirve de introducción a la antología. Rodrigo nos explica por qué ha bautizado este primer tomo “Relojes que no Marcan la Misma Hora” con una reflexión sobre el concepto mismo del tiempo que parte desde la contraposición de los dos términos que para dicho concepto utilizaban los griegos: Cronos, el tiempo terrenal, y Kairos, el tiempo del espíritu. Ese Cronos fue instrumento esencial de la colonización cultural de América por parte de los Europeos, marcando un ritmo de productividad impuesto que hoy nos sigue gobernando más que nunca. Le corresponde a la literatura, y particularmente a la ciencia ficción, rescatar el Kairos a través de la imaginación para liberarnos de ese otro tiempo opresor.

Rodrigo hace un excelente resumen de la historia de la ciencia ficción colombiana planteando tres momentos: La prehistoria, en la primera mitad del siglo XX (de donde Laguna Libros rescató las novelas del género de José Antonio Osorio Lizarazo, José Félix Fuenmayor y Manuel Francisco Sliger Vergara); el nacimiento, en la segunda mitad del siglo XX (Con “La Nueva Prehistoria” de René Rebetez y la obra de Antonio Mora Vélez), y la consolidación del género desde principios del siglo XXI que se inicia con la publicación de la antología “Contemporáneos del Porvenir” y la novela “Iménez” de Luis Noriega.

La sola introducción es una lectura obligada para todo aquél interesado en el tema o a quién quiera saber de qué va esta manía de un puñado de locos que se atreven a escribir ciencia ficción en este país del corazón de Jesús y del realismo mágico.

domingo, 31 de diciembre de 2017

En Hombros de Gigantes

La manera como veo series y películas en Netflix es la misma costumbre que tengo para leer. Estoy leyendo diez o doce libros a la vez, recorriendo un par de páginas (o su equivalente en el formato electrónico) antes de pasar al siguiente, en un ciclo que se repite y se repite. No tiene fin, pues una vez termino uno de los libros, otro se incorpora al proceso y tengo más libros en lista de espera de los que podré leerme en lo que me resta de vida.

Es así como he estado alternando entre media docena de series, películas y documentales, sacándole provecho a la mensualidad pagada a Netflix. Pocas son las ocasiones en las que un episodio me atrapa de tal manera que no me permite ponerlo en pausa y pasar al siguiente en la lista. Esas situaciones excepcionales casi que podría decir que tienen nombre propio: "Black Mirror".

Cuando yo sea grande quiero aprender a escribir como los guionistas de esa serie.

Acaba de estrenarse la cuarta temporada de la serie y anoche me atrapó su primer episodio. Poco importó que fuera ya pasada la media noche y eso que los que me conocen saben que no soy de mucho trasnochar.

Advertencia de SPOILERS:

"USS Callister" ("Black Mirror" S4E1 2017) comienza como lo que parece ser una parodia evidente de "Viaje a las estrellas", con todo y los uniformes femeninos como el de minifalda de Uhura pero con un poco menos de tela alrededor de la cintura. Pero luego se nos revela que tras el tono de comedia lo que hay es una historia de terror escalofriante con un tirano que tiene poder absoluto en el mundo que ha creado y, para colmo, se cree el héroe de la historia. En este universo artificial hay personas reales atrapadas, totalmente concientes de los absurdos y clichés de la trama, pero que le siguen el juego al autonombrado capitán porque de lo contrario podrían ser castigados de las maneras más espantosas.


¿Alguien recuerda esta escena de la película de "Dimensión Desconocida" (1983)? La hermana que se atrevió a levantarle la voz a alguien y que fue castigada borrándole la boca. Me la recordó ese momento en que la protagonista de "USS Callister" se enfrenta al capitán por primera vez y él hace un gesto con su mano que la afecta de tal manera que ella tiene que doblegarse. Pero lo de la película es solo un remake de un episodio clásico de la serie , "It's a Good Life" (1961) que describe la vida en un pueblo que ha sido desconectado del resto del mundo y donde sus habitantes son controlados por un monstruo que tiene el poder de leer sus mentes y si no piensan en cosas alegres los puede destruir, o peor, convertir en cosas horribles. El monstruo se llama Anthony Freemont y es un niño de seis años de edad.

Este año tuve la oportunidad de leer el cuento original (1953) de Jerome Bixby en la antología "The Science Fiction Hall of Fame" editada por Robert Silverberg. El episodio de 1961 es bastante fiel al texto y lo deja a uno no solo aterrado sino desesperanzado. Para la versión al cine le conservaron todos los elementos esenciales, pero la protagonista es una maestra de escuela que llega al pueblo por casualidad y ella ve la posibilidad de redimir al niño. Así que el final es más optimista que en las otras versiones, un final que escribió un autor del que tal vez hayan escuchado hablar, pues se han hecho algunas películas de sus cuentos y novelas: Richard Matheson.

Y resulta que no estoy inventando coincidencias, en una entrevista con Charlie Brooker, creador de "Black Mirror", él comenta que "USS Callister" tuvo su origen en una conversación que tuvo sobre realidad virtual y videojuegos cuando estaban filmando "Playtest" (2016), episodio de la tercera temporada. En un momento dado comentaron "Bueno, podrías ser el rey del castillo allí adentro, podrías tener un emperador malvado o un tirano". Esto le recordó ese episodio de "Dimensión Desconocida" de 1961 y una cosa llevó a la otra y eso fue el punto de inicio. "¿Qué tal si hacemos una historia sobre un tirano todopoderoso que se pone a sí mismo en el papel del héroe?".


Bueno, y no voy a mencionar "No tengo boca y debo gritar" de Harlan Ellison, primero porque no lo he leído, aunque el solo título ya cuenta cosas, y segundo porque quiero evitarme una posible demanda por derechos de autor. Pero el cuento sube al inicio de mi pila pues tengo la corazonada que allí encontraré resonancias a estas historias que hoy menciono en este blog.

Sí quiero hablar de John Scalzi y su novela "Redshirts" (2012), a quien se le ocurrió escribir una historia basada en la extraña coincidencia de que en "Viaje a la Estrellas", la serie original, cada que bajan a un planeta a se enfrentan a un monstruo el muerto es uno que aquellos que tenía puesta la camiseta roja. Me recordó ese tono de autoconciencia en el que los personajes reflexionan sobre el absurdo y la ingenuidad de las tramas, y del omnipresente "Deux-est-machina" donde siempre hay una tecnología que resuelve el problema de turno. Me acordé de un momento en "Redshirts" donde le dicen al protagonista que traiga "el aparato que hace ping" cuando en "USS Callister" la chica que hace el papel del doble de Uhura le recomienda a la heroína que oprima cualquier botón cuando el capitán le ordena hacer algo, que todos hacen exactamente lo mismo.

Así es como funciona la creación de ciencia ficción por estos días, cuando se podría pensar que no quedan temas nuevos por explorar. Es un diálogo constante entre el presente y el pasado, donde los clásicos se pueden reinventar y enriquecer con elementos contemporáneos o alguna tecnología recién descubierta o imaginada. Como lo dijo Robert Silverberg en "Science Fiction 101" (1987), "Parece esencial para mi que alguien quiera escribir ciencia ficción deba ser un devoto lector de ciencia ficción... Por un lado, la familiaridad de la ciencia ficción salva al aspirante a escritor de la molestia de reinventar la rueda. Algunas ideas son tan maravillosas que ya han sido llevadas a la perfección por gente como Heinlein o Kuttner o Murray Leinster, hace años... Pero este tipo de plagio accidental o no intencionado de los clásicos no es el mayor problema de no cimentarse en la literatura existente. La mayor parte de la ciencia ficción de buena calidad es escrita como reacción a historias existentes."

Eso pienso, vamos avanzando construyendo sobre las bases que nos dejaron nuestros antecesores. Estamos montados en hombros de gigantes y algún día, si alguien nos considera dignos de ello, usará nuestros hombros como apoyo para mirar un poco más allá.

Post data: (más SPOILERS) No me quiero ir sin celebrar que en "USS Callister" quien salva el día es una mujer poderosa que usa su conocimiento y su astucia para liderar el equipo hacia un final mejor del que esperaban. ¡Mujeres que no son elementos decorativos ni damiselas en peligro esperando ser rescatadas! Eso es el siglo XXI.

Otro post data: Menos es más. La inteligente decisión de contar en lugar de mostrar en aquella escena donde el man que se parece al protagonista de "Los Waltons", y coincidencialmente es de apellido "Walton", demuestra tener profundidad y corazón cuando comparte que no intenta escapar porque tienen el ADN de su hijo secuestrado para hacer copias digitales de él. Un director mexicano habría mostrado la imagen del niño congelado quebrándose como una muñeca de porcelana, pero acá simplemente lo dejan narrado en boca del padre. Excelente decisión.

domingo, 10 de julio de 2016

De Arroz y Sal y Nubes

Me enamoré. Su nombre es Doona Bae y es la diva coreana de las hermanas Wachowski.

Ando desatrasándome ya tarde, cuando los calores de la fama y la publicidad se han enfriado, de varias series de televisión y películas. Me vi Sense8 (2015), la serie de Netflix que alborotó la líbido de más de uno el año pasado, pero que a mi juicio bien podría ser el eje central de un seminario sobre trabajo en equipo. Doona interpreta a Sun Bak, una de las ocho personas conectadas síquicamente y repartidos por todo el mundo, ella allí es la experta en artes marciales a la que invocan cuando tienen que enfrentarse a ejércitos de forajidos o guardaespaldas. Sí, a ella, la aparentemente débil chica, y no al policia rudo de Chicago o al matón de Berlín, subvirtiéndo así las Wachowski cientos de reglas no escritas sobre los roles de hombres y mujeres en el cine y la televisión.

Luego me vi El Atlas de las Nubes (2012), donde Doona es protagonista de un segmento que transcurre en Neo Seul, en el año 2144. Ella allí es una clon esclava al servicio perpetuo de los consumidores, que termina siendo el símbolo de una revolución que a la larga terminaría derrumbando el régimen dominante. Tanto así que en el siguiente segmento, decenas de inviernos después de la caída de la civilización, los sobrevivientes la siguen recordando como si se tratase de una diosa. En la foto aparece en su caracterización de una joven esposa pelirroja en el segmento de 1849. Otra vez las hermanas Wachowski transgrediendo normas. A pesar de que en el segmento de Neo Seul, muchos de los personajes asiáticos son blancos maquillados, al menos se dan el lujo de hacer lo contrario con Doona para este corto papel (y no me voy a extender sobre los distintos papeles de mujeres y hombres blancos que hace Halle Berry, pues hoy mi "traga" es coreana). También la vemos en 1973 como una inmigrante mejicana que venga la muerte de un perrito.

Todo esto como introducción para compartir que en El Atlas de las Nubes, las Wachowski utilizan el recurso del reciclaje de actores para presentar el eterno retorno de conciencias individuales que reencarnan una y otra vez para encontrarse siempre con el mismo grupo de viejos conocidos.

¿Dónde había leído yo algo similar?

También este año tuve a bien leerme Los Años de Arroz y Sal (2002) de Kim Stanley Robinson, un escritor más conocido por su científicamente estricta trilogía de Marte. Abordé Los Años de Arroz y Sal previendo encontrarme con la misma "ciencia dura" de Robinson, esta vez en el género de la historia alternativa. ¿Qué hubiera sucedido en el mundo si la Peste Bubónica no hubiese matado al 10% de la población del Europa sino al 99%? ¿Cómo habría sido el ascenso hacia la revolución industrial y más allá con el mundo musulman y la China milenaria como protagonistas?

Pero para mi sorpresa, Los Años de Arroz y Sal es un libro sobre la reencarnación, con almas que se reencuentran una y otra vez en distintos cuerpos y roles, a lo largo de ese camino de la civilización alternativa. El recurso que usa Robinson es conservar siempre la misma inicial en los nombres de los personajes, para que el lector pueda identificar la continuidad entre la dama china enamorada de un filósofo musulman, el activista rebelde de los tiempos modernos, un tigre y un eunuco negro con sed de venganza, para poner solo un ejemplo.

No sé si David Mitchell, el escritor de El Atlas de las Nubes (2004) leyó o no, se inspiró o no en la obra de Robinson. No se trata de una investigación exhaustiva este artículo.

Por mi parte, seguiré a la espera de nuevas películas y series, para ver cómo la niña fantasma de The Ring Virus versión coreana de El Aro, la joven arquera perseguida por el monstruo mutante de The Host (2006), la muñeca inflable insuflada de vida en Air Doll (2009) [Madre mía, esta no me la he visto y pinta super interesante, habrá que buscar más cosas de Hirokazu Koreeda], el clon/mejicana/pelirroja de El Atlas de las Nubes, la caza recompensas de Jupiter Ascending (2015) sigue reencarnando una y otra vez, ya sea de la mano de las hermanas Wachowski o de otro director o directora que le dé la talla.

jueves, 21 de mayo de 2015

Un Tranvía en la Casa del Mono

"Un Tranvía Llamado Deseo" (1947) de Tennessee Williams es un referente obligado del teatro norteamericano. Recordar a un Marlon Brando joven y vigoroso, muchos años antes de "El Padrino" o "Apocalipse Now", es verlo en la imagen en blanco y negro de Stanley Kowalski en la versión fílmica de 1951, tal vez el personaje más representativo de la obra. Aunque Brando no recibió ese año el Oscar a mejor actor, sus coestrellas, Vivien Leigh (Blanche DuBois) y Kim Hunter (Stella Kowalski) sí alcanzaron el preciado galardón. Pero es la actuación de Brando la que ha quedado marcada en la memoria colectiva.

Muchas deben haber sido las puestas en escena y adaptaciones de "Un Tranvía Llamado Deseo" pero muy pocas las que yo he tenido la oportunidad de conocer. La más conocida recientemente tal vez sea "Blue Jasmine" (2013) de Woody Allen, que le mereció el Oscar a mejor actriz a Cate Blanchett por su interpretación de una Blanche DuBois contemporánea.

Para el mes* que viene espero poderme sentar frente a la pantalla gigante a ver la interpretación que ha hecho Gillian Anderson (Sí, la agente Scully en Archivos X) de ese mismo personaje para el montaje del Young Vic Theater de Londres, gracias a los buenos oficios de Cinecolombia. Por el momento tengo un abrebocas con el corto "The Departure" (2015) dirigido por ella misma como una precuela de la obra.

Pero hoy no es por los Archivos X que este blog de ciencia ficción se ocupa de "Un Tranvía Llamado Deseo". Aunque no puedo dejar de comentar que a Ms. Anderson, a sus 46 años, la edad le ha sentado mucho mejor que a David Duchovny.

Hace ya bastantes años mi puerta de entrada a "Un Tranvía Llamado Deseo" fue a través del montaje que realizaba una pequeña compañía de teatro de un pueblo pequeño de los Estados Unidos en la película "Who Am I This Time" (1982, traducida en España como "Cambio de Identidad") donde un muy joven Christopher Walken interpreta a Harry Nash, un depentiente de una tienda absolutamente tímido y asocial que, sin embargo, se transforma en escena en un Stanley Kowalski que nada le tiene que envidiar a Brando. Allí se conoce con el personaje de Susan Sarandon, Helene Walsh, una telefonista, también tímida y reprimida, que encuentra su válvula de escape en la interpretación de Stella al lado de Harry. Helene por supuesto se enamora de Harry, pero cuando cae el telón desaparecen toda la testosterona, bravuconería y sensualidad de Stanley Kowalski y Harry Nash prácticamente se hace invisible. Helene logra vencer su predicamento cuando le regala a Harry al final de la última un libro de "Romeo y Julieta" y lo convence de leer con ella algunas de las líneas. Harry se convierte en el adolescente enamorado de Verona y así comienza una relación feliz de la mano de todos los romances que han sido escritos para teatro.

Hoy comencé a leerme "Welcome to the Monkey House" (1968) la colección de cuentos de Kurt Vonnegut Jr. traducida al castellano como "Bienvenidos a la Casa del Mono" y cuál no sería mi sorpresa cuando allí, justo después de la distopía igualitaria de "Harrison Bergeron", me encuentro de nuevo con la historia de amor de Harry Nash y Helene Walsh. Sí, "Who Am I This Time" (1961) es un relato de Kurt Vonnegut Jr. Y qué bien escrito que está.

Definitivamente ese Kurt Vonnegut Jr., el mismo de "Matadero Cinco" y "Las Sirenas de Titán" es todo un maestro.

* Editado el 22 de mayo para corregir la fecha de la presentación en Cinecolombia, es el 25 y 28 de junio (Gracias, Verónica).


martes, 5 de mayo de 2015

El Caso Valdemar y Otras Pesadillas

Edgar Allan Poe por Lola F. Sioux
Hace una buena cantidad de meses, que ya se acumulan en años, que no actualizo este blog. Pero una amable solicitud me saca de mi ostracismo.

José Luis Bueno Piña es un escritor y guionista que lidera la iniciativa de llevar al cómic cuatro obras clásicas de la literatura que gravitan alrededor de lo oscuro y terrorífico.

Edgar Allan Poe está representado en "La Verdad sobre el Caso del Señor Valdemar" (1845), donde un hombre es suspendido en el momento de su muerte en un estado hipnótico que lo mantiene incorrupto por meses, además de incómodamente consciente.

De Jack London han seleccionado "Un Millar de Muertes" (1899), en la que un hombre es asesinado y resucitado una y otra vez para satisfacer la curiosidad de uno de los primeros científicos locos de la literatura.

También está Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta romántico sevillano, con su "El Monte de las Ánimas" (1862), donde los coqueteos de una joven enfrentan a su enamorado a un ejército de fantasmas beligerantes.

Finalmente, está un, para mí desconocido, Hanns Heinz Ewers, autor de "La Araña" (1908), en el que una misteriosa mujer llamada Clarimonde parece estar relacionada con una serie de suicidios.

Cuatro historias distintas, ilustradas por cinco artistas distintos (contando la portada) es el proyecto que propone José Luis en la ya conocida modalidad de crowdfunding. Detalles en su link.

¿Quieres ser parte de este proyecto? Apúrate, pues al momento de publicación de este artículo sólo quedan 18 días para recaudar los 5000 Euros adicionales que requieren.

La Verdad sobre el Caso del Señor Valdemar (Ilustrado por Guillermo Arias-Camisón)

Un Millar de Muertes (Ilustrado por Jessica Mars)

El Monte de las Ánimas (Ilustrado por Ninona)

La Araña (Ilustrado por Miguel Ángel Rodríguez Touceiro)





domingo, 14 de abril de 2013

Cerbo un Vitra ujo

Mary Robinette Kowal es una escritora que transita con destreza tanto en la Fantasía como en la Ciencia Ficción.

A principios de este mes descubrí un cuento suyo llamado "Cerbo un Vitra ujo", un relato marcado con las advertencias "Para mayores de 17", "Erótica", "NO PARA NIÑOS". Las advertencias vienen al caso, no tanto porque haya sexo (más en el terreno de la violación que en el de una relación consensual) sino porque es una historia de terror no recomendable para lectores impresionables.

Lo que me sorprendió profundamente y me llevo a hacer esta corta reseña es un terrible caso de evolución convergente, como eso que cuentan los científicos que sucedió con el ojo, que fue producido por la evolución en diferentes momentos y en distintas ramas evolutivas, pero llegando a una estructura tan parecida en Pulpos y vertebrados que pareciera increible que no tuvieran un origen común.

El caso es que "Cerbo un Vitra ujo", un relato inicialmente publicado en 2006 ocurre casi que en el mismo universo de mi primer relato publicado (2010), tanto es así que mi muy querida "Nuestra Señora de los Donores" podría ser considerada como Fan Fiction por algún lector desprevenido. Nunca he dicho que la idea para el valle de los donores se me ocurrió del aire, tengo una clara inspiración en "Never Let Me Go" de Katzuo Ishiguro y en "La Virgen de los Sicarios" de Fernando González, pero las coincidencias con "Cerbo un Vitra ujo" son asombrosas a falta de otro calificativo.

Juzguen ustedes mismos. Lean ambos relatos y me comentan su impresión al respecto: "Cerbo un Vitra ujo" puede leerse y escucharse en EscapePod y "Nuestra Señora de los Donores" en la revista Axxón o en este mismo blog, donde la publiqué por partes.

Para los lectores curiosos, hice la averiguación con el gran oráculo... con Google. "Cerbo un Vitra ujo" es Esperanto y significa algo así como "Cerebro sin Envase de Vidrio". Así que en lugar de Ex-Votos tenemos un caso de Ex-Vitro.



viernes, 20 de julio de 2012

Todo el Verano en un Día

El 5 de junio de 2012 murió el escritor Ray Bradbury a los 91 años de edad, después de una larga enfermedad. Ese mismo día, pasadas las cinco de la tarde, yo trataba torpemente de observar un fenómeno astronómico que no se repetiría en más de cien años: el tránsito de Venus directamente entre el sol y la tierra.

Un par de días después, Dixon Acosta nos compartió su artículo "El Eclipse Bradbury",  en el que hizo la conexión entre los dos eventos. "Ahora sé que lo visto el 5 de junio de 2012 no era Venus atravesando el telón del Sol," comenta Dixon, "era Ray Bradbury convertido en punto, un trovador del futuro en tránsito a la eternidad."

Recordé entonces que el autor de "Crónicas Marcianas" también había escrito un cuento sobre Venus que tiene mucho que ver con lo espaciados que son los tránsitos de este planeta frente al sol. En la imaginación de Bradbury, Venus es un planeta cubierto de una jungla tropical espesa donde llueve continuamente y el cielo siempre permanece nublado. La vegetación es gris y descolorida porque nunca se expone a los rayos del sol. Bueno, a veces sale el sol. Pero esto es un fenómeno excepcional que sucede una vez cada siete años y dura apenas una hora.

"Todo el Verano en un día", publicado en 1954, es la historia de Margot, una niña de la tierra que a los cuatro años de edad llegó con sus papás a vivir en Venus. Margot es una niña triste y retraída, no juega con los otros niños, no canta sus canciones, lo único que la alegra es el recuerdo del sol. Por ser tan introvertida, no es muy popular entre sus compañeros. Ellos la envidian porque no saben cómo es el sol, ellos nacieron en ese lugar nublado y lluvioso y estaban muy pequeñitos la última vez que se pudo ver.

Margot tiene nueve años de edad cuando llega por fin el día, según el cálculo de los científicos, en que se despejará el cielo y podrán ver el sol. Pero los compañeritos de Margot le juegan una mala pasada y la encierran en un closet justo antes de que la profesora venga a llevarlos afuera.

"¿Listos, niños?" dice ella mirando el reloj.

"¡Sí!" dicen todos.

"¿Estamos todos?"

"¡Sí!"

Por fin cesa la lluvia y el sol brilla en un cielo azul sin nubes. Los niños corren, se quitan las chaquetas y sienten el calor en sus brazos y en sus mejillas. Saltan, se empujan, caen y se ríen. Hasta que cae la primera gota de lluvia y todos regresan al refugio subterráneo. Afuera ya está oscuro de nuevo y los truenos compiten con el ruido del eterno aguacero.

Y sólo entonces se acuerdan de Margot, que todavía está encerrada en el closet.

Siete años.


Ciento cinco años.

La fotografía fue tomada al tránsito de Venus en 1882. Pero no es de la última vez que sucedió antes del pasado cinco de junio. Por la relación entre las órbitas de Venus y la Tierra, cada ciento y tantos años se da el eclipse en dos ocasiones espaciadas entre sí por ocho años. De manera que la última vez había sido en 2004, pero yo no recuerdo que al asunto se le hubiera dado tanta mención en los medios como sucedió este año.

La próxima vez será en el año 2117, y luego en 2125. En cualquier caso, es bien poco probable que yo esté todavía por ahí para verlo. Así que mi última oportunidad fue el cinco de junio de 2012.

La semana había sido particularmente soleada, cielo despejado y nada de lluvia. Un mes antes había bajado la aplicación de la NASA que predecía con exactitud de segundos el inicio del fenómeno en la latitud y longitud en la que me encontrara.

Confieso, sin embargo, que no le invertí mayor cosa a la preparación, no me conseguí el vidrio de soldadura ni cosa por el estilo. Mi mecanismo fue lo más simple posible: una hoja de papel perforada por la punta de un lapicero a falta de un alfiler. De esa manera, en la sombra proyectada en la pared puede verse el círculo perfecto del sol o una media luna cuando se trata de un eclipse de los normales.

El lugar donde yo me encontraba tiene amplios ventanales hacia el poniente, sin edificios que tapen la vista del horizonte, así que sería un lugar privilegiado para observar el puntito oscuro dentro de la bolita de luz. Pero casi a las cinco comenzaron a aparecer las nubes, justo en el occidente, difuminando la imagen del sol, como diciéndome "acá está pero no puedes verlo".

Y así estuvo, nublado, casi hasta la puesta del sol. De repente, se despejaron las nubes lo suficiente para dejar ver el sol. Saqué mi hojita perforada y busqué una pared donde proyectar la sombra.

Pero no contaba con que ese sitio tenía cortinas automáticas. ¡Claro! Era un establecimiento comercial y la luz directa del poniente fastidiaba a la clientela. Las cortinas bajaron y yo me quedé ahí, con una hojita blanca al lado de una pared.

Si alguien se dio cuenta, pensarían que estaba loco.